Una lata con tierra de Treinta y Tres (un tanto arcillosa como los campos de los arrozales), labrada con paciencia, abonada y sembrada... al otro lado del río.
De allá vine hace años, cargando montones de sueños y buscando un futuro me encontré este presente, pleno de satisfacciones, con semillas germinadas, flores y frutos.
Cuando me preguntan de donde soy me permito dudar... tengo muchas cosas de este lado, pero allá nací y tengo las raíces, en esa misma tierra.
Entre presencia y ausencia... pero existiendo y tratando de dejar huella.